sábado, 26 de marzo de 2011

Entre la marginalidad

La ex-prostituta miraba a su amiga con cierta avidez. Ésta, una cuarentona muy aviejada por la mala vida y las cogorzas, había cobrado ese día y se había pillado la melopea padre. Apenas se tenía en pie, pero le quedaban fuerzas para sacar la cartera y permitir ver a los presentes los cien golosos euros que ésta contenía.
La camarera del bar, extranjera pero no tonta, se ofreció a guardarsela hasta que estuviera en mejores condiciones. Pero la cuarentona estaba feliz, abotargada por el alcohol, y se negó a dársela en los tres ofrecimientos.
Siguió bebiendo y convidando a su amiga, que solo quería café aunque casi seguro que podría aguantar los lingotazos casi con más soltura que su *mecenas.
Solo estaban ellas dos en el bar, la una feliz con el bolsillo lleno, la otra pensando seguramente en la falta de pasta que le acontecía, en el alquiler, en que tenía la leche justa para ese día y en que necesitaba urgentemente un cigarrillo que no se podía permitir.
Al final, cuando fue a echar mano a la cartera, ya no estaba. Como habían estado también en el otro bar, la amiga le dijo que iria a preguntar, si acaso alguno sabía algo -probablemente pensando que la otra iba tan ciega que no caería en la cuenta de lo extraño de su conducta-.
Volvió con la cartera con todos los papeles -dni, carné de conducir, tarjetas de crédito...- pero vacía.
Los cien euros habían volado.
Pronto se le pasó la felicidad alcohólica y le entró la depresión propia de ese tipo de bebidas. Llorando sin parar, pensaba en lo tonta que había sido por confiar en alguien con semejante curriculum, a quien se le veían claramente las intenciones.
Mientras, su amiga seguramente se estaría riendo en alguna de las calles adyacentes. Al fin y al cabo, cien euros no se ganan todos los días. Y menos, de forma tan decansada.
Y como en caso de que alguien dijera algo después de que se hubiera largado, era su palabra contra la del otro, había cometido el crimen perfecto.

*Sé que la palabra mecenas se ajusta solo a quien patrocina artes o letras, pero me apetecía hacer ese juego de palabras.

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