jueves, 27 de diciembre de 2012

Un buen escritor

A menudo, la gente que me conoce me pregunta cómo aprender a escribir. Y me suelo acordar de un prólogo de Stephen King en el que dijo que, ya harto de que le preguntaran eso, comenzó a hacer lo mismo con la profesión del interrogador.

Así, cuando un neurocirujano se acercaba a decirle, en tono casi confidencial, ¿sabes? Me habría gustado ser escritor él le respondía, en el mismo tono de confidencialidad, ¿sabes? A mí me habría encantado ser neurocirujano.

Porque, a su juicio, el que quiere escribir, escribe. Y la verdad: yo opino lo mismo.

Para escribir solo te hacen falta dos reglas básicas: leer mucho y escribir más.

Y no tiene más secreto.

Luego está el punto del estilo personal y lo que buscas. Pero eso ya es otro cantar.

A mí siempre me ha fastidiado la gente que usa un lenguaje recargado, simbólico, lleno de palabrería insulsa.

Yo escribo para comunicarme. Y cuanto más simple sea mi lenguaje, mejor.

Así, un escritor que busque lucirse te dirá que, estando en casa de su suegra, un terrible dolor estomacal sacudió su cuerpo. Y levantándose con toda la elegancia posible, caminó con paso lento y ceremonioso a través de un pasillo decorado con hermosos cuadros bizarros hasta la fantástica puerta del cuarto de baño, de madera labrada. Y, abriéndola con gran urgencia, entró, desató su cinturón gucci, se sentó con especial cuidado y plantó un frondoso bosque. Acto seguido, le dio al útil botón de la cadena, salió intentando aparentar la tranquilidad más absoluta y volvió al salón, donde su amada suegra le esperaba junto a su esposa.

Pero eso no cambiará el hecho de que, estando en casa de tu suegra te dio un apretón con retortijones de última hora, corriste al baño, soltaste un pino del tamaño de cancún, a poco consigues que trague la cadena y encima tu suegra, al volver, te miró con expresión de quiero asesinarte aqui y ahora porque, sencillamente, te odia. Y como tú no te caracterizas precisamente por ser muy diplomático, alabaste con esmero las judías que te sacudió para comer.

Y los dos habremos dicho lo mismo. Pero seguro que lo mío se entendió mejor.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Nochebuena y navidad

Si fuera una persona normal aqui pondría una imagen insufrible de un belén, tal vez esa que anda circulando con las figuritas del susodicho guardando cola en la puerta del inem, y me habría quedado tan ancha.

Pero como ya sabréis, yo no soy una persona muy normal que digamos.

Asi que, en lugar de la típica postal hortera, os deleitaré con mi última historieta. Que sí, que es obligaros a leer y no hay ganas, que menuda tía plasta. Pero qué le vamos a hacer. Soy así de tocahuevos rara.

El día 21 de diciembre noté que se me ponían las anginas del tamaño de los huevos de avestruz.

Y creí que habría pillado una infección de garganta.

Fiel a mi estilo, pasé tres pueblos, hice lo que tenía pensado hacer y pasé de eso de "guardar reposo", "estar tranquila", "ir al médico" y demás cosas que suelen recomendar a todo quisqui.

El día 22 empecé a toser y decidí que ya no era infección, sino resfriado. Y siguiendo fiel a mi estilo, pasé de ir al médico por un puñetero resfriado. Pero empecé a ponerme peor y tuve que empezar a tomar ibuprofenos si no quería ver a Stephen King reviviendo las escenas de sus libros por mi casa.

El día 23 me levanté medio muerta. La tos era ya fuerte y cavernosa, sonaba horrorosamente mal y me provocaba otros efectos que me voy a ahorrar.
Aun así, por la tarde creí sentirme mejor y salí por ahi un poco.

El 24.... El 24 el resfriado se transformó en una gripe que bajó con todo su esplendor. Por la mañana me quedé en un ko total y me levanté para comer y gracias.

Por la tarde, como tenía que salir quisiera que no, me pertreché con ibuprofenos y un paquete de pañuelos de "por si acaso" y me fui más feliz que el guerra.

Y por la noche.... Ayyy, por la noche. Papa Noel decidió que había sido mala y me regaló un estado de moquitera en todo su esplendor. La tos había dado paso a una ráfaga de estornudos tipo metralleta, difusión masiva de gérmenes y ganas de morirme de una vez, Rajoy, hazme el favó que soy una parásita en paro.

Gasté el paquete de pañuelos entero, medio servilletero y otro paquete de pañuelos más.

El caso es que hoy me levanté inusualmente bien en comparación a las noches que había pasado. Pero para mis sorpresa, todos esperaban que estuviera muerta o, al menos, en coma. Al parecer les di la misa del gallo de madrugada, eso sí,  en forma de tos bestial.

Y yo que esperaba haberles cantado al menos un kikirikí.

Asi que propongo un cambio: para mí, el villancico ahora es nochebuena de tos, navidad de moquita.

Saldo final a estas horas: cuatro paquetes y medio de pañuelos. Más de seis litros de agua diarios desde el día 22 hasta hoy.

Agujetas de toser, que ya es triste. Y un cansancio generalizado tan fuerte que me siento como si me hubiera pasado un trailer de camiones por encima.

Sí, sí, en cuanto escriba esto me meto en la cama, no me mandéis aun, que quiero dejar estas dos reflexiones que se me ocurrieron estos días:

1) Mi tos es un monstruo verde, amarillo y cabrón que se divierte haciéndome cosquillitas en la garganta.

Y

2) Si decides meterte virutas de jamón en la nariz y luego sorbes los mocos, ¿sabrán a jamón?

Hala, ahi lo dejo.

Y feliz navidad, jó jó jó.


sábado, 22 de diciembre de 2012

Sin título

Tal día como hoy servidora cumple 25 tacos. Que sí, que a la mayoría os parecerán una tontería, que soy muy joven y bla bla bla. Yo me estoy planteando seriamente el empezar a celebrar quita-años. Por eso de no sentirme tan vieja y pelleja.

Otros años he hecho balances, cartas, reflexiones...

Éste, sencillamente, no me apetece.

Casi todos mis cumpleaños me resultan raros. En sí, no me gusta celebrarlos, ni que me feliciten. No sé bien reaccionar a esas cosas. Y tampoco he entendido mucho eso de celebrar que eres un año más vieja. No celebramos nuestras nuevas canas, ni nuestras arrugas, ni las dentaduras postizas... Somos una gente curiosa.

Y celebrar que llevamos un año más vivos tampoco me parece lógico, que todos los días nos despertamos y todos los días son un día de regalo. Ayer mismo se supone que nos íbamos a ir todos a la mierda, ¿no? Pues eso.

Realmente tengo poco más que decir. Bueno, sí, que no me ha tocado la lotería, como a la mayoría de la gente de este nuestro país, así que sigo pobre, por lo menos, hasta el próximo sorteo.

Ah, y felices navidades. Aunque conste en acta que también las odio.

Pero es que yo odio a todo el mundo, así, sin motivo aparente, solo por existir.

Al final será que la rara soy yo. Al tiempo.