viernes, 9 de agosto de 2013

El asesinato

Él lo miró, los ojos convertidos en dos ranuras que reflejaban puro y primitivo odio. Por más que la amara, ella nunca sería suya. Y la culpa la tenía ese tipo del demonio.

Yacía en la cama, junto a su futura esposa, que lo abrazaba amorosamente. Hacía años que lo llevaba a todas partes. Se había convertido en algo más importante que él, su novio y futuro marido. Su prometida parecía pegada a él con superglue y él no quería, no podía soportarlo más.

Ciego de ira, bajó las escaleras y se dirigió a la cocina, prendió la luz y sacó el cuchillo jamonero del cajón. Observó por un segundo su mortifero brillo preguntándose si se atrevería, si daría finalmente el paso. Con una extraña sonrisa, decidió que sí, que era perfectamente capaz, y sacó la piedra de afilar.

Media hora después, la hoja era tan fina que con tan solo rozarla con el dedo índice se hizo tal corte que la sangre le recorría la palma hasta la muñeca, goteando lentamente en el suelo.

PLOF, PLOF, PLOF

Miró la sangre y se encogió de hombros. Casi como si no fuera con él la cosa, se envolvió el dichoso dedo con un trapo, más molesto que preocupado, y subió lentamente las escaleras.

Entró en el dormitorio, lo arrancó de los brazos de su esposa, que protestó, semi despierta ya. Vio el cuchillo y lanzó un grito, pero ya era demasiado tarde.

Él tenía el almohadón ya firmemente sujeto con la zurda mientras con la diestra le abría una profunda herida que desparramó todo el relleno. Feliz como nunca, soltó el cuchillo y comenzó a vaciarlo, saltando por toda la habitación y riendo como un loco en medio de aquel frenesí de plumas y algodón.

-¡Pero cariño! -le gritó su esposa- ¡Por qué has hecho eso, si sabes que era mi almohadón preferido!
- Porque estaba harto de competir con él y los celos me estaban devorando vivo -la miró intensamente -ahora, por fin serás mía y solo mía.

Ella se le quedó mirando muy seria durante tres segundos. -Mañana limpiarás tú todo este estropicio -le espetó. Tras lo cual, se dio tranquilamente la vuelta y regresó a los amorosos brazos de Morfeo, a quién no le costó trasladarla rápidamente a sus oníricos mundos repletos de fantasía.

2 comentarios:

  1. jajajaja mejor las plumas y el relleno por el suelo que la sangre.. :)
    Besos y salud

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  2. Sí, el problema es que si la monta así por la almohada, habrá que ver qué pasa con su primer hijo...

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