lunes, 30 de diciembre de 2013

Ley del aborto

Y por este tema salgo de mi retiro monacal, para volver más a menudo, espero.

Probablemente es uno de los temas más candentes que tenemos hoy día en España. Esa polémica ley del aborto tan alabada por unos como vilipendiada por otros. Y, si hay algo que no se puede negar, es la enorme controversia que se ha generado.

Para empezar, y mi primera y más potente crítica, no va por esos cuatro gatos que se han presentado frente a algunas clínicas que lo practican para leer el manifiesto pertinente, sino hacia esa religión rancia, anclada en la edad media, machista y retrógrada encabezada por un Papa que intenta ponerse el traje de moderno (y que, personalmente, no me cuadra nada) que se mete en asuntos estatales porque su "moralidad" así se lo índica.

Mi segunda crítica es al gobierno que tenemos. Que se os ve ya el plumero. No dais becas, ni ayudas a las familias, ni educación ni sanidad de calidad. Queréis carne de cañón que os vote de aqui a unos añitos y, si os siguen dejando, lo triste es que lo vais a conseguir. Vergüenza es lo que me provocáis. Y pesadumbre por pertenecer a un país tan atado por vuestras sirgas, ahogado, que históricamente da tres pasos cuando el resto llevan dados diez y luego le hacen retroceder dos por si acaso.

Que sepas, querido gobierno, que tampoco me la cuelas, y me recuerdas muy mucho a la monarquía absoluta, esa que se tintaba con ramalazos paternalistas para parecer un poco menos mala. Pero dictadura al fin y al cabo.

Pero mi tercera y más feroz crítica es hacia Gallardón y el resto de su gente. Van a provocar abortos clandestinos, que los ricos -como antaño- puedan permitirse la doble moral de criticar el aborto pero irse a Francia a que le quiten los "regalos" y que muchas mujeres vean sus vidas truncadas por vuestra ideología rancia, de palo y vara.

No entiendo por qué hay que quitar un derecho -el derecho a la mujer para decidir sobre el impacto en SU vida, ya formada y creada- para que unos pocos que no quieren ejercerlo estén contentos. La cosa está clara, si algo no existe, no está para nadie. Pero si algo existe, quien no quiera no lo usará. Y punto.

Y por cierto, señora mayor con traje de piel y guantes de cuero, que aparenta ganar novecientos euritos pelados al mes y que se presenta como portavoz en ciertas clínicas abortistas, le recuerdo que dado su rango económico-social y su edad dudo que tenga ningún tipo de problema de ese estilo -ya me entiende usted, que la edad no perdona-. Lo mismo va para los curas y hombres varios que han salido opinando sobre la amoralidad del aborto.

Porque un embarazo no deseado es, en primera instancia, de la mujer que lo sufre y, en segunda, del padre. Y seguro que muchos de los que salen ahora rasgándose las vestiduras cuan honorables seres humanos de inamovibles pilares éticos, con quince, dieciséis e incluso veinte años habrían salido corriendo ante un embarazo no buscado.

Dedíquense a arreglar los problemas que han creado sus continuos dedos alargados y dejen tocar las libertades que tanto ha costado a la ciudadania ganar. O, al menos, fabriquen menos chorizos, ya me entienden ustedes (guiño, guiño, sobrecito, guiño, guiño).

Atte: una pro-abortista cabreada.

Pd: y si por casualidad alguno llega aqui y decide que, ante mi edad de procrear lo defiendo porque es "un método anticonceptivo como otro cualquiera" os aviso de que, médicamente hablando, el aborto es una operación y desde luego para la mujer no es ningún trago bonito. Y que soy lesbiana y, aunque no lo fuera, por diversos problemas hormonales, tengo resistencia a quedarme embarazada, por lo que tendría que planearlo muy bien con mi endocrino.