miércoles, 5 de agosto de 2015

Blacky

 ¿Qué coño es Blacky? Os preguntaréis los pocos que asoméis el morro por aqui. ¿Es una marca de cereales?¿Un nuevo perfume?¿Una forma de cocinar?
Pues no. Es mi perra. Y le dedico un post porque ha sido un cambio importante en mi vida. Y aunque no sé bien cómo voy a estructurar su historia, lo voy a intentar. Así que bueno, vamos a ver qué sale, ¿no?

En mi familia siempre hemos tenido perro. Hasta que hará unos once años murió el que teníamos y lo pasamos tan mal que no quisimos coger otro. Y así pasaron los años hasta que mi padre, un buen día, dijo: me apetece volver a tener perro. Uno pequeño, para sacarlo y disfrutarlo, que me haga compañía y me lo pueda llevar conmigo a pasear.

Así que ni corta ni perezosa, mi hermana vio una camada abandonada y decidió ir a por un perro. Y así apareció blacky en mi vida.

El caso es que nos la dieron por pequeña. Pero cada vez que iba al veterinario me decía una cosa distinta. Primero de 10 a 15 kilos. Luego de 15 a 20. Después de 20 a 25. Así que me mentalicé en 30 y dejé de preguntar.

El caso es que fue creciendo rápidamente. Y no era solo que iba a pasarse de tamaño, era que empezaron a decir que tenía pinta de perro peligroso. Pero para entonces ya teníamos muy claro que de casa no iba a salir. Así que la puse a mi nombre, si acaso resultaba que tenía que sacarme la temida licencia ppp, y seguimos criándola.

Conforme iba creciendo, resultó que no solo iba a ser más grande lo que esperábamos y tenía pinta de perro "peligroso", sino que además era activa. Muy activa. Hiperactiva. Con tres meses aconsejan que un perro no ande mucho porque se cansan rápido. Pero Blacky aguantaba horas y horas andando sin cansarse, dormía dos o tres horas y ya tenía ganas otra vez de moverse.

Con cuatro meses había mordido un sofá, las patas de la mesa y el mantel que colgaba por los bordes de la mesa. Con cinco había mordido también los sillones, una almohada, se había tragado una grapa (por suerte no fue nada), un peluche, había destrozado todos los juguetes, todas las macetas y varias prendas de ropa.

Con cinco subió de nivel. Mordió paredes y marcos de puertas. Pero no eran arañazos de nada, sino agujeros como mi puño.

Y con cinco meses o seis, llegó el temido momento de ir al veterinario a hacerle los papeles definitivos. Así que allá que fuimos.

Me tocó una tía mayor, rubia y borde, muy borde, que manifestó varias veces estar a favor de la ley de perros peligrosos. Tras diez minutos de reloj (y yo sin saber qué cara poner, intentando estarme quieta y no demostrar el acojone que llevaba) dictaminó que no era peligrosa. Así que me libré no solo de pagar la licencia y tener que pasar los test, sino de condenar al perro a una vida de correa permanente y bozal.

A partir de ahi asumí que tenía una perra que necesitaba ejercicio. Mucho ejercicio. Toneladas de ejercicio. Y que se aburría fácilmente. Así que empecé a enseñarle trucos, a hacer juegos de olfato, de búsqueda, de agility. Siguió creciendo y creciendo y demandando más ejercicio, y yo tuve que adaptarme y responder a lo que el perro me pedía.
Y así llegamos al día de hoy. Pesará unos 30 kg y la confunden continuamente con un pitbull (la frase habitual es: es de esa raza que son tan malos, ¿no?).
Es fuerte, musculosa, hiperactiva, cariñosa y obediente. Además, aprende rapidisimo todo lo que le enseño. Me ha hecho perder más de 20 kg y ahora conozco Zaragoza mucho mejor.

Me ha servido para darme cuenta del estigma que pesa sobre las razas mal llamadas potencialmente peligrosas (porque como la mía lo parece, la gente en seguida asume que les va a arrancar un brazo, hasta que da cuatro lametones y se enamoran) y ha supuesto un gran (y positivo) cambio en mi vida.
Aunque es otro de los motivos por el que apenas escribo.

Así que ya sabéis, que esto sirva de testimonio: un perro no es solo juegos y diversión, es un gran gasto económico y una gran responsabilidad.






4 comentarios:

  1. Pues yo siempre tuve perros, pero me pasó parecido, se me murió Lola, mi mastina y sufrí tanto su muerte que es el dia de hoy que no tengo perro, pero siempre pensando en tenerlo, ultimamente ya estaba decidido a hacer algo que no me gusta, cercar mi finca, ese es un requisito previo, pero las odio y siempre lo voy posponiendo, no se si has pasado por mi blog y ya lo sabes porque hayas leído mi penúltima entrada, pero de repente han aparecido en el ranchito dos gatitos, totalmente blancos, famélicos, pequeñitos y esmirriados, eso si muy lindos, yo no soy de gatos, pero no pude evitar de alimentarlos, de eso ya hace casi un mes, y sin casi y aquí están, los alimento con su pienso y agua limpia y fresquita, ellos comen beben, me ronronea, ya me dejan cogerlos -siendo salvajes nacidos en el campo, al principio huían- uno tiene el rabo roto en dos o tres sitios y mal soldados así que le hace un dibujo muy gracioso, como un garfio, la otra le llamo Maria y es una mimosa que se deshace ronroneando, y bueno, aquí están, no se que hacer, si me las quedo hay que esterilizarlas, 200€ por cabeza, de lo contrario estarían pariendo constantemente gatos con un destino muy incierto y yo no tengo dinero que me sobre, pero ¿Como los voy a dejar abandonados a su suerte? en fin, un dilema, encima, les estoy cogiendo cariño...
    Te echaba de menos :)
    Besos y salud

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    1. Si, lo vi. Lo de los gatos es un problema. Yo supongo que terminaría metiéndolos en casa y, por si acaso escapan, dándoles unas pastillas que creo que hacen que no puedan reproducirse hasta que pudiera castrarlos.

      Como son distintos de los perros, es complicado tenerlos sin castrar. Puedes mirar en alguna asociación de gatos de tu zona, hay gente de protectoras que suelen echar una mano.

      Un beso y cuidate.

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  2. la relación con los perricos por lo común suele ser de altísima fidelidad (y felicidad, claro)
    yo disfruto del Simba, no mío pero como si lo fuera, y solo ruego a Dios no pensar en el día que Simba desaparezca.
    Uff, cómo se los quiere!!!


    abrazo

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    1. La verdad es que sí, terminan siendo un miembro más de la familia, por tonto que parezca.
      Un beso.

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