lunes, 21 de septiembre de 2015

Indignada

O más bien más cabreada que una mona. Ese sería el resumen de mi estado hoy. Me explicaré.
Como ya puse en otra entrada, hace un tiempo decidimos volver a tener perro. Y nos hicimos con Blacky, que a día de hoy tiene un año y tres meses. Hasta ahi todo bien.
El problema viene cuando hace tres meses vienen unos nuevos vecinos a vivir y entraron al piso protestando porque había pelos de perro en la escalera.

Sin contarme un pelo le contesté que la perra tenía un año, que nunca había ocultado que la tenía y que además, cuando compraron el piso, la tuvieron que oir (más tarde, haciendo memoria, estoy prácticamente segura de que hasta me crucé con ellos bajando las escaleras, pero bueno, eso lo dejaremos en duda, por si acaso).

La cosa quedó ahi y ya no había tenido más noticias hasta hoy, en el que uno de los nuevos vecinos se ha quejado de que la perra le ladra cada vez que sube y baja las escaleras y que, por favor, la controle.

No le ha sabido muy bueno que le contestara que, si no vive de continuo, sube y baja continuamente y además lo hace hablando, la perra va a ladrar porque no lo considera "de casa".

No me cabrea el hecho de que se queje de que le ladre, sino que me parece una intentona más para atacarme por el perro.

El caso es que supongo que el susodicho no habrá caído en la cuenta de que he soportado fin de semana sí y fin de semana no obras ilegales en su casa, con mazazos y taladros durante tres y cuatro horas seguidas, el subir constante de gente que ni sé quién es ni espero saberlo y el hecho de cruzarme tres días seguidos con distintos tíos por las escaleras y descubrir, alarmada, que tienen llaves de abajo.

Como mi perra solo ladra de día y cuando entran en casa se calla, me imagino que no tendré ningún tipo de problema legal. Pero me parece que voy a terminar a malas con estos nuevos vecinos y su concepto de "convivencia".

En fin. Habrá que lidiar con lo que venga.