sábado, 10 de octubre de 2015

50 cosas sobre mi

Bueno, hace poco vi que muchos bloggers se están apuntando al 50 cosas sobre mí. Supongo que yo llego cuando ya se ha pasado de moda. La verdad, dudo mucho que os interese, así que si os queréis pasar el post por el forro, tenéis mi permiso.

Empezamos.

1)Me preocupa terriblemente lo que piensan los demás. Eso me ha incapacitado para ser yo misma en muchas ocasiones.

2) Cuando discuto o tengo algún tipo de problema puedo pasarme días y días dándole vueltas. Me cuesta mucho olvidar esas cosas y me termino sintiendo bastante mal.

3) Empecé a escribir de forma más o menos asidua con 13 años, tras ser victima del acoso psicológico de la mayoría de mis compañeros de instituto. Esto amargó mi adolescencia y provocó que pasara años con tendencias suicidas(aunque nunca llevé a cabo ninguna intentona).

4) Siempre me ha gustado mucho el terror, tanto en libros como en películas. Rara vez me asusto.

5) Me gusta mucho cocinar pero solo cuando no estoy obligada a hacerlo.

6) No suelo comer mucha carne y no soy fan del pescado. He tenido anemia en muchas ocasiones y, aunque ahora llevo muchos años bien, no sé hasta qué punto puede estar relacionado.

7) Sufro a menudo problemas de estrés. Esto ha terminado ocasionándome problemas de salud, como llagas en los labios y sarpullidos varios por el cuerpo. Actualmente ya me he habituado a esto.

8) No me gusta el bacalao. No importa cómo lo cocinen, no lo soporto.

9) Creo que nadie puede imaginarse lo desordenada que puedo llegar a ser. El caso es que creo que soy peor cuando ordeno que cuando desordeno. Al menos, cuando está desordenado, sí que encuentro las cosas a la primera.

10) Me gusta el ánime, especialmente el de humor y el yuri, aunque ahora apenas lo veo.

11) Soy incapaz de estar viendo una película o serie sin hacer nada más. Tengo que estar haciendo otras cosas, aunque sea hacer chistes a su costa. Por más que lo intento, no consigo estar concentrada solo en eso más de un cuarto de hora. Y aunque suene paradójico, esto me resulta frustrante.

12) No tengo apenas amigos. Tampoco creo que los haga.

13) Nunca he sido de salir de fiesta. Puedo estar una o dos noches dándolo todo sin acordarme del reloj, pero suelo preferir planes más tranquilos.

14) A pesar de haberme pasado bebiendo en alguna ocasión, nunca he tenido resaca.

15) No me gusta el champán. Me suele sentar mal e incluso intento evitar los brindis.

16) No me gusta la casquería. Me repugna incluso su olor.

17) Una vez, comí un pedazo pequeño de chistorra y me dio un cólico que me duró tres días. Ya no he vuelto a comer ni chistorra, ni sobrasada, ni nada que me recuerde remotamente al chorizo. Le cogí asco.

18) Soy muy perfeccionista. No me importa repetir algo 20 veces si así estoy segura de que va a salir mejor. Esto se extiende a la cocina. Me da igual estar 10 días seguidos cocinando lo mismo si pienso que cada vez me sale mejor.

19) Soy muy obsesa de mi intimidad. Entre mis costumbres está el quemar los papeles que contengan contraseñas o datos de mis direcciones de mail, mis cuentas en diversos sitios, etc.

20) Soy muy tímida. Me cuesta hablar con gente nueva.

21) Aunque no lo aparente, me gusta el deporte. Salgo a andar todos los días un mínimo de tres horas.

22) Bebo mucha cocacola. Más de la que me gustaría confesar. Tuve que reducir su consumo porque me provocó problemas de estómago y empecé a tener dolores reflejos en el pecho.

23) Me encanta el queso. A más fuerte, mejor.

24) Me gusta la mayonesa casera, rara vez la compro. No se me suele cortar nunca, pero el día que se me corta, no importa si la intento hacer 10 veces seguidas, que las 10 se me cortará.

25) Adoro la pizza. Tanto es así que he llegado a hacer masa casera de forma artesanal.

26) Aunque soy fan incondicional de Stephen King, no me gustan los libros que ha escrito estos últimos años.

27) Una vez me dormí en el cine... Viendo una película de terror.

28) Odio limpiar. Pero de una forma que no os podéis hacer ni idea. Si pudiera, no volvería a tocar una bayeta en mi vida.

29) Dentro de la limpieza, lo que más odio es la plancha. Hace años que no plancho nada de nada. Lo tiendo corriendo y rezo a superman para que no se arrugue demasiado. Siento decir que superman no escucha mis plegarias.

30) Tengo unos altavoces que tienen ya más de 13 años. Están muy cascados pero siguen funcionando, que no es poco.

31) Al igual que de Stephen King, soy fan incondicional de Mónica Naranjo, aunque tampoco estoy muy de acuerdo con sus últimas decisiones.

32) No suelo hablar nunca de política porque me termino cabreando. Además, considero firmemente que solo sirve para perder amigos por discusiones absurdas.

33) Me considero una total y completa ignorante. Cuanto más cosas leo y con cuanta más gente hablo, más cosas siento que ignoro.

34) Mi máxima de vida es un cuadro de Goya en el que se autoretrata ya mayor y muy cascado y al que rotuló: aún aprendo.

35) De todos mis amigos, soy la que menos estudios tiene a día de hoy.

36) Soy muy noctámbula. Desde que tengo memoria, prefiero la noche al día, aunque intento corregirlo para aprovechar mejor el tiempo.

37) A veces soy como una olla a presión. Guardo todo hasta que me da un ataque de ira. Aunque rara vez lo pago con los demás, es mejor no tocarme las narices con tonterías cuando estoy en ese estado.

38) Me gusta mucho la naturaleza. Alejarme un poco de todo y de todos y respirar tranquila en algún sitio donde sea muy difícil cruzarme con gente, coches o ruidos.

39) Cada día me harta más vivir en el piso en el que vivo actualmente, tanto por ruidos como por otros temas. Aunque es mío, preferiría estar de alquiler y no tener ningún tipo de rollo comunitario (cosas que, a menos que me toque la lotería, no veo especialmente fácil).

40) Una vez, yendo a Pamplona en autobús, nos desalojaron al lado de la estación por un aviso de bomba. Era pequeña y me llevé un buen susto.

41) Pasé mi infancia a caballo entre Navarra y Zaragoza, ya que tengo familia allí. A día de hoy apenas la visito.

42) Suelo viajar una o dos veces al año a Madrid. No sé hasta cuando mantendré esta costumbre.

43) Una vez llegué a acumular unos 15 o 20 picotazos de mosquito entre los dos pies. Fueron los peores quince días de mi vida. No podía dormir más de tres horas seguidas por el picor tan horroroso y al final opté por levantarme cada tres horas y sumergir los pies en agua con amoniaco.

44) Soy medio-sonámbula y empeora cuando voy cansada. No me levanto de la cama, pero puedo contestar mal, devolver llamadas de teléfono (aunque nunca he llegado a responder a una, simplemente “hago una perdida”), abrir y cerrar la ventana...
De pequeña llegué a pasar la noche sentada en la cama con los ojos abiertos. Tenía que dar mucho yuyu.

45) No sé si va ligado a lo anterior, pero en epocas de mucho estrés hay veces que me despierto a las tres horas (más o menos) de haberme ido a dormir, asustada, desorientada y con algún tipo de pensamiento que me hace sentir en peligro. La última vez que me pasó, sin saber por qué, mi impulso fue ir a apagar unas velas que tenía encendidas en el pasillo y volver a la cama.

46) De pequeña tenía un miedo horroroso a la oscuridad. Era culpa de la vecina de arriba, que estaba loca y se pasaba las noches arrastrando botellas de butano, cascando nueces, golpeando las persianas...

47) Ponía nombres a mis juguetes y muñecos. Cada uno tenía una personalidad distinta y actuaba con los demás según esa personalidad (qué tiempos aquellos).

48) No soy nada coqueta. Me da igual maquillarme o vestirme de una forma un otra. No es raro que vaya varios días seguidos vestida igual. Incluso aunque lave cada día la ropa, si al día siguiente está seca, me la pongo sin problema.

49) Una de las peores experiencias en cuanto a salud se refiere fue el “pie vibrador”. Se me quedó “enganchado” un músculo de dentro del pie (el mecanismo es el mismo que hace que tengamos a veces tics en los párpados). Habría sido gracioso de no ser porque me duró una semana entera y empeoraba por la noche. Ni siquiera con la neumonía lo pasé tan mal.

50) Muchos de los relatos que escribo parten de sueños rarísimos que suelo tener. En esos sueños casi siempre estoy encerrada y/o huyendo de algo.

Y ahi queda. Espero que no os hayáis quedados dormidos a la mitad.

martes, 6 de octubre de 2015

Cosas de casa

Tener perro no son todo obligaciones y destrozos, también tiene momentos buenos.
Este es muy breve y lo voy a poner porque, qué coño, me he reído a gusto y como es mi blog pongo lo que quiero.

La otra noche llegué tarde a casa y cuando pasé por el cuarto de mi padre vi la cuna de la perra ahi encima. Y le pregunté que qué pintaba ahi la cuna (obvio).
"Que le di un cacho de pan a la perra".
"Ah, ¿y eso que tiene que ver?"
"Pues que se fue a mi cama a comérselo e hice lo que haces tú, coger su cuna, dejarla en el cuarto de estar, ponerle ahi el pan y decirle que se lo comiera ahi".
"¿Y no te hizo caso?"
"Bueno... me puse a ver la tele y cuando me di cuenta ni estaba la perra ni estaba la cuna. Fui directo a mi cuarto pensando que me habría enguarrado todo...."
"¿Y?"
"Pues que la jodida había subido su cuna a mi cama, se había tumbado en la cuna y ahi estaba, toda feliz, comiéndose el pan"
".....¡JAJAJAJAJAJAJAJA!"

Qué cosas he de ver.

lunes, 5 de octubre de 2015

Despedido por pedorro

Se trata de Richard Clem, de N.Jersey, que ha sido despedido a sus 70 años, tras 10 años al servicio de la compañía en la que trabajaba. ¿La causa? Que tras someterse a una operación de by-pass gástrico le ha quedado una secuela un poco nefasta a la hora de recibir a clientes: problemas gástricos y flatulencias que, según sus compañeros de trabajo y las visitas, dejaban una peste inaguantable por toda la planta.

La mujer del afectado ha decidido denunciar a la compañía exigiendo una indemnización millonaria por despido improcedente.

Personalmente, si tuviera que decidir qué hacer en este caso, lo tendría muy difícil. Dejemos el tema de las leyes a parte (que no tengo ni idea de las españolas como para saberme las norteamericanas siendo el país de las demandas absurdas) y me paro a analizarlo.

Según la noticia esto es una consecuencia de un by-pass que el señor se realizó por padecer obesidad. Así que por un lado está el tema de la obesidad, que obviando tendencias genéticas, enfermedades y demás "causas", considero que es una enfermedad que genera el propio enfermo: es decir, el señor Richard vio que se estaba engordando peligrosamente y no tomó cartas en el asunto o, cuando las quiso tomar, ya tenía un grado tal que no podía hacerlo sin ayuda.

Aqui se podrían abrir otros debates, como la adicción que provocan ciertas comidas haciendo que los obesos se comporten como auténticos yonkis en busca de su dosis o cómo nos van colando azúcar en casi todos los alimentos preparados que consumimos. Vamos, que podría decirse que esto es como las tabacaleras: ¿culpa del que fuma, culpa del que crea y fomenta la adicción o culpa de los gobiernos, haciendo caso omiso a la peligrosidad en pro de los pingües beneficios?

El caso es que, si eres el operado y haces tu trabajo "bien", es una putada que te despidan por algo que, supuestamente no puedes evitar.

Claro que, pongámonos del lado de la empresa. Imaginemos que soy un vendedor de coches y tengo este problema. ¿Van a quedarse los clientes en mi concesionario si huele a mierda pura y dura? Evidentemente no. El vendedor será todo lo buen vendedor que quiera, pero el cliente se guía por el olor y decide que va a vomitar si está un segundo más en esa sala. Es más, siendo una empresa de productos cárnicos (eso indica la fuente de la noticia) la cosa se agrava. Venga,que levante la mano el que se atreva a comprarle comida a un señor cuyo puesto huele que apesta. ¿Uno, ninguno? Ya me lo imaginaba.


Creo que al final optaría por un termino medio. El señor ya tiene una edad para ir pensando en la jubilación (claro que los yankis no tienen sistema de seguridad social y a saber si este pobre diablo tiene las espaldas cubiertas con algún seguro privado) y condenaría a la empresa a pagar una indemnización que ni arruinara a la empresa ni dejara al tipo en paños menores.

Ah, y le pagaría unas vacaciones de 15 días de soledad a su sufrida esposa, que seguro que agradece el aire puro.